La Falla (2013)

Parte 1.

La Explicación.

Hola. Me llamo Pol. Sí, ese es mi nombre. No es un diminutivo de ningún otro nombre extrañocomo Apolinar, o Polinesio, o Policleto, o Polímero, o esas cosas que generalmente me dicen al escuchar el nombre “Pol”. Mucho gusto.
Si estás leyendo esto, es porque tienes un interés en saber la historia que te voy a contar. Realmente me tomó mucho tiempo tomar la decisión para poder escribirlo, y más de la manera en que lo haré. 
¿Dónde estoy ahora? Aislado de la gente que conozco. Solo, en un cuarto de hotel, sobre una pequeña mesita de centro que acerqué a la cama para sentarme cómodamente y poder escribir esto. En la siguiente historia cambiaré algunos nombres y omitiré algunos otros, por la misma seguridad que la situación requiere.
Debes saber a qué me dedico para vivir, pues esta misma profesión (y debo admitir que también es mi pasatiempo favorito) me llevó a tal descubrimiento. Ahora pienso, que si no hubiese estado en el momento y el lugar indicado gracias al audio y video, jamás hubiese tenido esta experiencia, que por ahora se ha convertido en mi conexión con el sistema, tema sobre el cual también trataremos en unas líneas más adelante. “Primero lo primero.”
Hace un tiempo, me encontraba grabando un comercial para una empresa privada, y fue el día que recibí esa extraña llamada a mi celular por parte de mi amigo Leonardo, quien trabaja en un laboratorio donde hacen pruebas con electricidad, para productos que sirven para ensamblar otros productos más grandes como autos, o barcos, o así. Leonardo a su vez, aprovechaba su tiempo libre para trabajar en un proyecto personal utilizando algunos recursos de la empresa. Él tenía un buen puesto y estaba al cuidado de algunas áreas.
En muchas ocasiones se le iba la noche entera trabajando en sus cosas. Me llamó y me dijo que necesitaba verme con urgencia, porque había encontrado algo. Esa tarde me disculpé con todos, comentándoles que había surgido algo importante y que debía retirarme inmediatamente, dejando las grabaciones para después. Al llegar con Leonardo, ya había anochecido y nadie se encontraba laborando, solamente él se encontraba en el lugar.
Al llegar a la puerta, escucho el inconfundible chirrido de la alarma que avisa que ya puedes abrirla. Entré y caminé por el mismo pasillo que había caminado un sinnúmero de veces cuando iba de visita. Subí las escaleras, hasta llegar al laboratorio de mi amigo.
– ¡Pol! ¿Cómo estás? Me da gusto verte.- Gracias igualmente Leo. ¿Qué onda para qué me querías ver?- Jajaja al grano como siempre.- Pues me dijiste que era urgente. Podría ser una emergencia bro.- Y en efecto… lo es mi buen Pol. Necesito que veas esto.
Leonardo se acerca a una de sus computadoras y hace que se encienda una luz ultravioleta dentro de un cilindro de metal. Toma una manzana, me la muestra y le da vuelta como para hacerme ver que no hay truco en lo que hará, y la inserta en el cilindro. La luz ultravioleta estaba sobre la manzana. 
Leonardo se acerca nuevamente a la computadora, me sonríe como si fuera a hacer una travesura, y teclea. El proceso dura aproximadamente 5 segundos ¡y la manzana desaparece de mis ojos!
– ¿Qué pedo? ¿Y la manzana? ¡¿Dónde está?! Desapareció.- No.- ¿Entonces?- Solamente está suspendida en el tiempo.- ¿Cómo es eso?
Realmente estaba sorprendido. Era algo que había visto en películas pero jamás en la vida real ¿Cómo era posible que una manzana desapareciera así nada más? Me acerqué al cilindro para buscarla. La buscaba en el piso, en las mesas que estaban a nuestro alrededor, pero no había rastro alguno de ella.
– ¿Qué pedo? Ya dime Leo ¿dónde está la manzana?- Ya te dije, suspendida en el tiempo.- No te entiendo.- Hermano, el proceso es así: Meto la fruta en el cilindro, sin albur. Ya descubrí que no importa la forma ni el tamaño, únicamente es recalcular la potencia en los nodos y no hay ningún problema si están específicamente distribuidos.- Leonardo… no te entiendo ni madres.- Jajaja, bueno, la cosa es que la manzana no está, por ahora, en este tiempo. ¿Meexplico?- No.- Ay no mames Pol.- Bueno más o menos. ¿Y cuándo regresa o qué?- ¡He ahí la cuestión mi querido Wilson! El problema con el que me encuentro, es que no he podido hacer que la manzana viaje por intervalos de más de 5 minutos, ni que viaje por distancias más largas de 12 metros a la redonda. El problema al parecer es la potencia. Pero si le doy menos potencia la manzana no viaja, se queda estática.
– ¿Y si le das más potencia?- Explota y se embarra por todos lados.- Si quisieras hacer viajar a un ser humano ¿pasaría lo mismo?- En esencia, sí.
Mientras conversábamos, en una de las mesas a mi izquierda, se comienza a ver un reflejo ultravioleta y un sonido como si rozaran dos piedras entre sí. El destello dura unos tres segundos, y la manzana aparece nuevamente. Yo no estaba familiarizado con ese movimiento, así que mi instinto fue levantar mis brazos para cubrirme de una explosión. Leonardo soltó la carcajada.
– Y la manzana, está de vuelta mi hermano.
Leonardo toma la manzana sin miedo, y la muerde.
– A solo 5 minutos de sabor.- Órale, usaré esa frase para algún comercial.- Entonces ¿qué opinas de todo esto mi buen Pol?- Antes que nada ¿por qué me llamaste a mí para ver esto, y no a alguien más?- Jajaja. ¡Porque no conozco a nadie más loco que tú para ver estas cosas en vivo y a todo color! Y porque desde luego, sé que podrías hacer algo positivo con esta información.
En ese tiempo, no creo que Leonardo hubiera estado tan desconectado de la realidad, como para no saber lo que significaba su creación, o descubrimiento. Significaba, a grandes rasgos, una manera nueva de viajar, aunque en ese momento solamente para una fruta, pero una gran posibilidad de hacer viajar incluso a una persona en el tiempo y el espacio.
En palabras de cine, ¡una máquina del tiempo! Lo que Leonardo había creado, y aunque él no lo sabía, es también “el principio del fin” de los medios de transporte convencionales. Ya nadie usaría el auto, los aviones o el transporte urbano para ir a trabajar, ni siquiera la bicicleta. Solo era cuestión de tiempo para que Leo encontrara la manera de transportar seres humanos de esa manera, pero también era cuestión de tiempo para que las grandes compañías de medios de transporte, y las compañías petroleras y de otros combustibles, se dieran cuenta de esto e hicieran sus turbios movimientos, a favor de sus propios intereses capitalistas.
Me fui a casa a descansar, aunque realmente no pude ni dormir con todo lo que había visto dando vueltas en mi cabeza.
Al día siguiente llamé a Leonardo, pero contestó una voz de mujer.
– ¿Hola?
Leonardo era muy quisquilloso. No le gustaba que tocaran sus cosas, mucho menos contestar una llamada en su teléfono. La mujer repitió la pregunta.
– ¿Hola?
Me preocupé por mi amigo, tal vez algo le había sucedido y alguien más había tomado la llamada.
– Sí que tal ¿es el teléfono de Leonardo?- Si. Pero él no se encuentra en este momento. ¿Gusta dejar algún recado?
Colgué.
Inmediatamente abrí mi teléfono celular, quité la batería y saqué el chip de mi actual número y lo doblé hasta romperlo. Desde entonces cambio de número telefónico regularmente. Tomé una pequeña mochila y metí 2 cambios de ropa. Salí de mi casa.
Me dirigí a buscar a Leo a su apartamento, para tratar de entender lo que sucedía, pues estaba preocupado. Una esquina antes de llegar alcancé a ver a dos sujetos bien vestidos y algo misteriosos frente a su puerta, como haciendo guardia del lugar, y una camioneta negra sin placas, estacionada junto a ellos. Supe al instante que no sería una buena decisión acercarme.
Definitivamente esto tenía algo que ver con lo que Leonardo había construido. De alguna forma alguien se había enterado de lo que sucedía, pero yo seguía sin saber que había pasado con mi amigo. 
Abandoné el lugar.

Parte 2.

Plan improvisado.

Una de las cosas por las que siempre fui criticado desde pequeño, era mi paranoia sobre las cosas que sucedían a mí alrededor. No lo predecía, pero solía darme cuenta de algunos detalles, que hacían que una situación pudiera cambiar en el último instante. Ahora creo ciegamente, que si no hubiera tenido esa paranoia desde entonces, ya no seguiría vivo para escribir estas líneas. Ah sí, también era criticado por mí tendencia al dramatismo en exceso. En fin.
En ese momento tenía en mente dos posibilidades. La primera era que Leonardo hubiese sido capturado por aquella organización de orangutanes trajeados y armados, y aún estuvieran buscando cualquier conexión que pudiera tener con el exterior, incluyéndome. La segunda posibilidad era que Leo se hubiese percatado a tiempo de que estaban al pendiente de su proyecto independiente, y poder escapar para esconderse en algún lugar.
Naturalmente confiaba más en la segunda opción, con la esperanza de que se comunicara conmigo. El problema era, que yo había doblado y tirado a la basura el chip con mi número telefónico. A esto me refería con paranoia, combinada con un poco de dramatismo. ¿No podía solamente apagar el maldito teléfono? Tiempo después supe que accidentalmente había hecho lo correcto.
Caminando con mi mochila en la espalda, huyendo de la ruta habitual del apartamento de Leonardo, entrando por calles que jamás había caminado, comencé a ver con qué cosas eran con las que contaba en ese momento a parte de mis dos cambios de ropa.
En mi bolso delantero izquierdo del pantalón estaba mi cartera, con un billete de cincuenta dólares que había sacado del cajero automático varias horas antes de ver a Leonardo por última vez. Esto me decía que mi último registro en cualquier sistema fue precisamente en ese lugar. 
Así que muy probablemente ya tendrían mi rostro impreso en alguna hoja de papel, gracias a la cámara de vigilancia que se encontraba ahí. Además de los cincuenta, tenía la tarjeta con la que retiraba dinero de los cajeros automáticos, y una identificación personal.
En mi bolso delantero derecho estaba únicamente mi teléfono, por ahora apagado y sin ningún uso. En los bolsos traseros de mi pantalón solamente llevaba las llaves de mi casa y unas cuantas monedas.
En ese entonces yo tenía el cabello bastante largo, con dreads (rastas). El término para los que no lo conocen, es como un tipo de cabello enmarañado a propósito. Como el estilo de aquellos cantantes tan famosos de música reggae. Bueno, pues ese fue el último día de ese cabello tan genial. De verdad me agradaba mucho. Pero había muchas cosas en juego, no sabía que es lo que podía pasar, pero no arriesgaría todo por un simple peinado.
Mientras caminaba, pensaba algún lugar donde podría haberse escondido Leonardo, en caso que lo hubiese hecho. Y entonces, fue cuando brincó su nombre a mi mente. Era ella, la pieza clave, la conexión de mi amistad con Leonardo… Janeth.
Para mi fortuna, Janeth era una de esas chicas con un sinfín de actividades durante el día, y solo llegaba a su casa a bañarse y dormir, para estar lista al día siguiente. Una chica con rutina, pero sin orden. En ocasiones podía empezar en el gimnasio y después ir de compras, o hacer primero alguna de sus otras múltiples ocupaciones, y por último ir al gimnasio. Yo conocía los lugares que ella frecuentaba a la perfección. Leonardo nos había presentado varios años atrás, y salimos durante algún tiempo para conocernos. Pero nuestros caminos tomaron rumbos distintos y dejamos de frecuentarnos, así que cada quien siguió con su vida normal, cosas que pasan.
Yo no iría a su casa porque era un hecho que ella no estaría ahí, era casi mediodía. Pasé por el gimnasio sin acercarme demasiado, pero no pude encontrarla. Trataba de caminar lo más rápido que podía, este asunto me tenía bastante nervioso. Un día de locos, sacado del guion de alguna película de acción ¡estaba sucediéndome en la vida real! Sonreía, me ponía serio, y después paranoico. Seguía caminando.
Recordé un lugar que ella frecuentaba casi a diario. Su sitio preferido. Janeth era vegetariana, era mucho más seguro que la encontrara ahí, que en cualquier otro lugar. Además de que no había muchos restaurants de comida vegetariana por la zona. Ya en alguna ocasión pasada, la había acompañado ahí mismo. Además, casi era la hora de comida.
Llegué al restaurant pero no estaba ahí. Decidí esperar un poco, ya que era casi la hora en que los sitios de comida comienzan a abarrotarse de personas hambrientas. Después de aproximadamente veinticinco minutos (que para mí fue una eternidad) pude distinguir a lo lejos, su cabello y su hermosa e inconfundible manera de caminar.
Volteando sigilosamente a mí alrededor para revisar que nadie me estuviera observando, finalmente me acerqué. Janeth me sonreía y me daba un gran abrazo, estaba feliz de verme.
– ¡Pol! ¡¿Cómo estás?! ¡Qué gran coincidencia encontrarte aquí!- Janeth. No es coincidencia, te he estado buscando desde la mañana pero no te encontraba. Algo surgió y necesito que salgamos de aquí inmediatamente.
La sonrisa de Janeth se esfumó de su rostro.- ¿De qué hablas? ¿Qué es lo que sucede? ¿Está todo bien?- Es Leo.- ¿Leo? ¿Pasó algo? ¿Él está bien?- No lo sé aún Janeth, por favor salgamos de aquí.
Janeth se queda pensando por unos instantes.
– Sí, claro, vamos.
Tomamos un taxi. Le dije al chofer que nos dejara en el hotel que se encontraba en la entrada sur de la ciudad. Mientras tanto le pedí a Janeth su teléfono celular. Ella lo sacó de su bolso y me lo entregó. Yo lo abrí e hice exactamente lo mismo que le hice a mi chip. Lo saqué y lo doblé hasta romperlo. Tiré las piezas rotas por la ventana del taxi. Le entregué nuevamente el teléfono a Janeth, apagado. En ese momento ella volteó su mirada hacia mí, desconcertada, sin decir una palabra. Llegamos y pagué 11 dólares al taxi, por lo que ahora solo tenía únicamente 39 dólares en efectivo. Pedí una habitación, la cual tenía un costo de 65 dólares.
Yo saqué mi cartera y al abrirla Janeth notó que ya no tenía dinero.
– Yo pago lo que falta – dijo Janeth.
Ella sacó de su bolso una tarjeta, pero la detuve y le dije que por favor pagara con efectivo. Janeth ya comenzaba a verse un tanto molesta por toda la situación. Sacó su larga billetera y pagó lo que faltaba de la habitación con efectivo.
– Tenemos catálogo de cosas divertidas, columpios del amor, y pueden pedir su cena a la habitación si ustedes gustan. – comentó la administradora del hotel, mientras nos entregaba la llave del cuarto.
Janeth ya se encontraba a punto de estallar en reclamaciones, pero se contuvo. Debo admitir que su paciencia, es una de las cosas que más admiro de ella. Entramos a la habitación y Janeth molesta, toma asiento en la cama y se cruza de brazos.
– ¿Puedo preguntar por qué me trajiste a una habitación de un hotel de paso Pol? ¿Y porqué hiciste esa cosa rara a mi teléfono?
Primero decidí explicar lo del teléfono. Aunque un poco complicado, era mucho más sencillo que toda la historia de nuestro amigo. Le expliqué que los chips telefónicos al estar activos, tienen una fácil manera de rastreo por medio de los satélites que proveen el servicio telefónico, y es la forma en que les sería posible saber nuestra actual ubicación.
Conté a Janeth toda la historia desde el momento en que recibí la llamada de Leonardo. Le conté a detalle todo lo que había sucedido en el laboratorio y las cosas que había visto. Comenté un poco sobre la actitud que yo había notado sobre nuestro amigo ese día, y de qué manera tan a la ligera yo sentía que Leo tomaba ese tipo de situaciones. También le platiqué sobre la llamada que yo había realizado esa mañana, y los tipos enormes y trajeados que se encontraban afuera del apartamento de Leonardo.
La actitud de Janeth fue pasando de molesta, a total y completamente consternada sobre nuestro mutuo amigo. Ella se levantó de la cama y empezó a caminar de un lado a otro, un tanto impaciente. Juntaba y separaba sus manos como queriendo unir las piezas de todo lo que le había contado hace un momento. Me hacía preguntas sobre detalles acerca del experimento, del cilindro de metal y la luz ultravioleta que yo había presenciado. Me preguntó si Leo ya lo había probado con humanos y le dije que hasta donde yo tenía conocimiento, Leo solo había hecho pruebas con frutas de tamaños similares, o al menos eso me contó ese día.
Le conté sobre el sonido, como si fueran dos piedras que hacen fricción entre sí por menos de cincosegundos. Le conté todo lo que pude recordar.
– Janeth, debes disculpar mi paranoia, y por meterte en esto. Pero si estoy en lo cierto, esas personas tratarán de rastrear todo contacto que Leonardo hubiese podido tener con el exterior durante… no tengo idea desde cuando lo vigilan.- Entiendo. Pol…- ¿Qué pasa?- Ahora que lo recuerdo, Leo me envió un mensaje hace unas semanas para invitarme a tomar un café, él quería platicar conmigo sobre algo. La verdad es que he tenido muchos pendientes y solamente había estado retrasando la cita.- ¿Ya ves? Que mala amiga eres, ahora por tu culpa Leonardo está muerto. No es cierto,estoy bromeando.
Janeth me observaba con una mirada como si fuera a matarme, pero después reía. Ella ya conocía bien mis comentarios ácidos y los chistes que hacía en los momentos más incómodos. No me culpen, era ya algo natural en mí.
– Janeth, a decir verdad, no sé cómo se están moviendo las cosas allá afuera. No sé ni siquiera si realmente están atrás de nosotros o no. Pero trato de darnos tiempo a todos, y por supuesto la mayor oportunidad posible a Leo. Los chips están destruidos, de cualquier manera olvida usar ese teléfono, al menos hasta que podamos encontrarlo.- Claro.
Frente al hotel de paso, se encontraba una estación para cargar gasolina, y una pequeña tienda para abastecerse de algunos productos.
– Janeth ¿Aún tienes efectivo?- Si, como 100.- Perfecto. Por favor ve a la tienda que está junto a la estación. Compra agua y algo de comida. Que sobre un poco de efectivo para poder movernos de aquí. ¡Ah! Y unas tijeras.
– ¿Para qué quieres tijeras?- Ya no puedo salir así. ¿Sabes cortar cabello Janeth?- ¡No mames, tus rastas no!
Janeth no dijo más y salió a la estación de gasolina. Yo, mirándome al espejo, trataba de imaginar dónde podría estar Leonardo en ese momento, y también necesitaba solucionar el problema de las tarjetas, todo nuestro dinero se encontraba depositado en los bancos y no podíamos tener acceso a él, sin ser rastreados. Tenía que saber de alguna manera, cuáles eran en ese momento nuestros límites.


Parte 3.

Alfa y Beta.

Mientras la tarde pasaba, hicimos varias actividades para no aburrirnos. Estuvimos en la habitación por horas, platicando y poniéndonos al día de todo lo que había sucedido el tiempo que dejamos de frecuentarnos. Mientras el tiempo pasaba, Janeth ayudó a cortar mi cabello, comimos unos ricos sándwiches, preparados improvisadamente con cosas que ella había traído de la tienda. Yo seguía dando detalles a Janeth sobre lo sucedido con Leo, tal vez eso me ayudaría a recordar más cosas. Queríamos olvidar por un momento lo que sucedía, sin embargo era necesario organizar lo que haríamos al día siguiente para ir en la búsqueda de nuestro amigo.
Podría decir, que una de las cosas más importantes en ese tiempo, estaba a punto de suceder en esa habitación…
Acostados, Janeth estaba profundamente dormida. Yo me encontraba viendo hacia el techo, y aunque trataba de cerrar los ojos y dormir, no podía conciliar el sueño. Era mi segunda noche sin poder dormir. Y entonces sucedió. Se comenzó a escuchar ese inconfundible sonido de piedras rozándose entre sí. Inmediatamente en el techo se veía el reflejo de una luz ultravioleta. El sonido no era tan fuerte como para despertar a Janeth, sin embargo tenía algo de potencia.
Después de 5 segundos, ahí estaba él. Era Leo entre la sombras de la habitación. Sabía que era él, pero no podía distinguirlo bien, el cuarto estaba oscuro. Me levanté de la cama de la impresión, pero Leo con señas, pidió que me tranquilizara. Me senté sobre el colchón de la cama.
– Despiértala con delicadeza Pol. – Me dijo Leonardo.
Notaba su voz cambiada, como más grave, aguardentosa, solo un poco. Sin querer perder de vista a Leo, lentamente moví a Janeth y le hablé al oído.
– Janeth, Janeth…
Janeth despertó y volteó para verme y preguntar que sucedía. Yo, con la mirada señalé a Leo, quien se encontraba aún de pie, frente a nosotros. La reacción de Janeth fue brusca, se asustó y me miraba para saber que estaba sucediendo. La mirada de Janeth se enfocó en el rostro de Leo, y finalmente lo reconoció.
– ¿Leo? ¿Eres tú?- Si Janeth. Hola.
Me levanté a encender la luz, pero antes de hacerlo Leo me detuvo.
– Espera Pol. Hay algo que deben saber. Soy Leo, pero no soy “su” Leo.- ¿Qué significa eso? – dijo Janeth.
Encendí la luz, y lo que vimos, fue impactante. Era Leo. Estaba ahí nuestro gran amigo, por el que iríamos en búsqueda dentro de unas horas, al amanecer. Pero había algo que no encajaba.
Leo era más viejo, incluso tenía canas, sus manos tenían una piel más arrugada. Su mirada era tan, extraña, como nostálgica. Por supuesto también le daba gusto vernos, estar ahí con nosotros. Leonardo llevaba cargando una mochila no muy grande, y una chamarra color verde oscuro. Su barba estaba algo crecida, desaliñada. Su ropa anunciaba como si hubiese estado caminando en el desierto durante días.
– Como les dije, soy Leo, pero no soy “su” Leo. Va a ser un poco difícil explicarles todo esto, pero es importante que lo entiendan, porque todos hemos sido afectados, tanto ustedes, como nosotros, y muy probablemente algún otros universos paralelos.- ¿Universos paralelos? – preguntó Janeth.- Si. Daré algunos términos temporales para definir mejor mi historia. Mi nombre por ahora será, Leo Beta. Mi ubicación actual debería ser. Mundo Beta en el 2019. ¿Dónde estoy ahora? Estamos exactamente en el Mundo Alfa 2013. Es necesario decir, que nadie está aquí por casualidad. Todos tenemos una importante tarea, y si alguien no hace lo que tiene que hacer, todo se vendría abajo nuevamente. Digo nuevamente porque ya sucedió. Es una paradoja que debe romperse, aunque ustedes hayan escuchado que las paradojas no se pueden romper. Bueno, si se puede. Pero creo que los estoy confundiendo. Iré más lento y explicaré cada cosa.
Leo Beta (así lo llamaré) tomó una gran bocanada de aire. La sostuvo un momento, y exhaló.
– Antes que nada, Pol, es muy importante que a partir de ahora pongas muchísima atención en todos los detalles. Una de las partes importantes para romper la paradoja en la que estamos envueltos, será precisamente que des a conocer esta historia a todas las personas que puedas en este Mundo Alfa. Mientras más mentes conscientes existan, siempre habrá más oportunidad de comunicación entre universos. Debes confiar en las personas, dejar que la historia se disperse y que las mentes conscientes se multipliquen conforme pasa el tiempo. Debo mencionarte, que conocerás a Pol Beta, pero eso lo platicaremos más adelante. Por lo pronto, esta historia deberás empezar a compartirla, a finales de este mismo año 2013. Una broma entre viajeros como yo, sería decir “no tengo tiempo”.
Leonardo esperaba que riéramos, aunque no hubo gracia alguna para nosotros en su broma. Él tomó asiento.
– Mal chiste, continuemos.
Debo admitir, que la noticia sobre la historia que debía escribir me sorprendió. No esperaba algo así. A decir verdad no esperaba nada de este tipo de cosas. Pero si estás leyendo esto, estás leyendo la historia que ayudará a romper la paradoja, pues entonces eres parte de esas personas en las que me dijo Leo Beta que debo confiar. Leo Beta continuó…
– Ok. Estamos en el Mundo Alfa 2013. Le decimos Alfa, porque es este lugar donde inició la comunicación entre mundos paralelos y los viajes en el tiempo/espacio. Pero no somos los únicos que viajamos ahora. Yo me encontraba en Mundo Beta en el 2013, haciendo pruebas con un experimento que se me había ocurrido algunos años atrás. Eran como las dos de la mañana y fue cuando vi por primera vez esa luz ultravioleta que se crea cuando se hará un salto en el tiempo/espacio. Me asusté y me fui a esconder atrás de un escritorio. Cuando la luz ultravioleta desapareció no podía creer lo que veía. Otro yo había aparecido en el lugar donde yo me encontraba hace unos segundos antes de ir a esconderme. En ese momento me pregunté que hubiera pasado si me hubiera quedado sentado, tal vez por la misma composición entre Leo Alfa y yo, hubiera causado una explosión y hubiésemos ambos desaparecido, pero ya confirmamos que no es así. Aunque somos la misma composición, por el solo hecho de ser universos diferentes, siempre existirá una variación en los compuestos orgánicos, nunca serán completamente iguales. Esto abre literalmente, millones de posibilidades de compuestos y combinaciones orgánicas de todo tipo.
Leo Beta tomó un pequeño respiro para continuar con su historia.
– ¿Tienen algo de tomar?- Ah, sí, claro, perdón. – dijo Janeth ofreciéndole una botella de agua del hotel.- Gracias Janeth Alfa.
Leo Beta continuó su relato.
– Después de verme ahí sentado, todo fue tan extraño. Le dije “Hola” y el tiró accidentalmente lo que tenía en las manos y se asustó. Me preguntó cómo había entrado al laboratorio donde él se encontraba solo, trabajando. Le dije que ese era mi laboratorio, y que el intruso era él. Leo Alfa me observó detenidamente y vio que era el mismo. ¡Éramos iguales! La diferencia es que Leo Alfa tenía un gusto por los anteojos redondos, y a mí siempre me han gustado los anteojos cuadrados. Ya no se asustó, al contrario, nos acercamos lentamente para analizarnos. Tomamos la situación con calma y hablamos detenidamente sobre el proyecto. Fue una larga noche, pero nos faltó tiempo para descifrar cómo había sucedido ese salto tiempo/espacio de Mundo Alfa a Mundo Beta. Creo que fue la última vez que “nos faltó tiempo”
Leo Beta soltó la carcajada y nos exaltó. Janeth y yo lo veíamos fijamente. Leo se levantó de su asiento.
– Perdón, dejaré de hacer ese tipo de chistes. La cuestión fue que inmediatamente comenzamos a trabajar en el proyecto, que ahora llamamos “La Falla” por la forma en que se han dado todos los acontecimientos. Leo Alfa pudo lograr su salto paralelo a través de electricidad. Yo trabajaba con electricidad, pero estaba enfocando más el esfuerzo sobre el magnetismo.
Leo Beta toma de nuevo su asiento y se inclina hacia nosotros, juntando sus manos como si quisiera que nadie más que nosotros lo escucháramos.
– Por eso estoy aquí. Por eso vine a buscarlos y ahora estamos hablando aquí, a medianoche los tres en un cuarto de hotel. La razón por la cual me encuentro aquí, es porque no van a encontrar a su amigo Leonardo. Él, en este momento está en Mundo Beta, con un yo más joven. Ya sé, es un desmadre lo que les estoy contando, pero así es como está sucediendo. El día de ayer, sí fueron a buscar a Leo, pero él ya se había ido a Mundo Beta. Fue un accidente con electricidad y magnetismo, pero lo logró.
– ¿Quiénes son los matones trajeados que están atrás de esto? – pregunté con impaciencia.- Una organización con interés de control social.
Leo Beta me dijo el nombre, pero insistió en que no debía publicarlo, debido a que a la presente fecha, la organización aún no se encuentra bien establecida. Si hago público el nombre, daría una ventaja y un punto a favor para que la paradoja siguiera su curso cíclico. Y eso no era lo que se buscaba.
Leonardo Beta continuó.
– Muy bien, así está todo. Amanecerá en un par de horas, y hay ciertas cosas que necesitan saber…

Parte 4.

El Manual.

Leo comenzó a darnos todos los detalles al respecto de lo que sucedería durante esos días posteriores. Nos dijo de qué manera podríamos escondernos mejor, incluso de cualquier persona. Es necesario aceptarlo, Janeth y yo éramos en ese momento completos inexpertos en cuestiones de física, armas, pasar como seres inadvertidos y todas esas cosas que se ven en las películas de acción.
Después del argumento, hubo algo importante. Leo sacó del interior de su abrigo unas hojas de papel dobladas a la mitad, y me las entregó.
– Esto, Pol, es La Falla.- No entiendo.- Sí. En estas 5 hojas, está escrito cómo crear La Falla. Vas a construirla. Debe quedarte más o menos así. No presiones nada.
Leo sacó de uno de sus bolsillos, un cronómetro de mano. Me lo dio para que pudiera sostenerlo y observarlo detenidamente. Quedé atónito. No sabía que decir en ese momento. Tenía en mis manos algo que podría cambiar todo el panorama como se conocía hasta ese momento. (Y al parecer lo hizo.)
– No te asustes Pol. Es física básica. No necesitas reactores nucleares ni nada de eso. Por supuesto necesitas algunos detalles extra, pero todo estará bien. En el futuro tuvimos que aprender a construir armas con tostadoras de pan, así que no es el momento de poner tu cara de duda.
La expresión de Leo, era que en verdad creía que no era gran cosa, como si fuese algo completamente normal para él. No podía evitarlo, seguía sin poder creer lo que sucedía. Janeth no había dicho una sola palabra, solamente nos observaba tratando de digerir lo que escuchaba. Leo se refirió a Janeth.
– Debes saber Janeth, que aunque pienses que tal vez si no hubieses visto a Pol, nada de esto hubiese sucedido, estás equivocada. Tarde o temprano te hubieran encontrado. Una de las cosas más agradables de viajar en el tiempo, es precisamente tener la oportunidad de prevenir situaciones peligrosas. Así que, tú estás aquí por la siguiente razón: Estás conectada con muchas personas; unas importantes, otras poderosas. Algunas de esas personas también tratarán de localizarte para entregarte a esa organización, por la conexión que tienen con ellos. Janeth, sé inteligente e identifícalos. No puedes cometer errores. 
Janeth tenía toda la atención en Leo, no quería perderse un solo detalle. No podía.
– Así mismo, también hay personas que nos ayudarán en el camino, a los cinco.- ¿Cinco? – pregunté.- Jajaja, si Pol. Ya conocerás a John y Alexandra, su chica.
En este momento, pasó por mi mente si sería seguro tener información de cosas que aún no habían sucedido. Pensé también en si esto mismo, podría cambiar el curso de todos los hechos y cambiar la historia presente, o la historia futura por completo, y con todo esto generar un nuevo plano dimensional o paralelo. No lo sabía. Quise preguntarlo en ese momento, y al mismo tiempo quería no hacerlo, para saber más.
– Y ellos ¿quiénes son?
Y como si Leo me hubiese leído la mente, me dijo.
– Hay cosas, que deben ser a su debido tiempo, mi buen Pol. – y me sonrió.